Si te vas, vete.
Si decides marcharte, márchate.
Si te abruma la compañía en tu cama
si ya no quieres un cuerpo que te quite el frío
ni una boca que te deje sin aliento
y no eres lo suficiente valiente para intentarlo de nuevo.
Sal por donde entraste;
llévate las promesas incumplidas,
las caricias que me debes a oscuras,
los susurros de mi nombre en la alborada
y no diré nada.
No te guardo en el baúl de los recuerdos,
estás en el del olvido,
para olvidar lo que un día llegamos a ser
y ya no somos.
Juro que no volverás a ser dueño de mi versos,
protagonista de mis historias,
y cuando tenga la necesidad de decirte
cuanto te extraño,
cuando necesite de tus manos por mi cuerpo
y aunque me muera por gritar a los cuatro vientos
que no he conseguido olvidarte...
me morderé la lengua, me cortaré los dedos,
para no pronunciar tu nombre,
ni escribir tu apellido
en el quicio vacío de mi almohada.
MªD Marín
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