Odiame,
con las misma fuerza con la que me
besabas,
con la misma ganas con la que me
tirabas a la cama
Odiame de igual modo y me daré por
satisfecha
si consigues odiarme en el recuerdo.
Mírame,
y no apartes la mirada, cobarde
mírame y dime que sólo fue un
espejismo
provocado por la inmensa sed
de ambos por beber del otro.
Hazlo,
o hazmelo por última vez,
pero guardate el beso de Judas,
el puñal que clavo Caín
y no muerdas si vas a dejar cicatriz,
porfavor.
Mª D Marín
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