lunes, 4 de noviembre de 2013

Una despedida prematura.

No he dejado de escribir, 
solo has dejado de doler. 
No me salen mas que dos líneas escasas, 
sin párrafos, sin estrofas.
Ya no verso como versaba antes, 
antes de creer que el olvido no existía 
y que el tiempo no curaba. 
Siento que no sigas doliendo, 
que ya no quedes aferrado a mis vísceras, 
que el corazón me lata con normalidad,
y no se ruborice cuando escucha tu nombre.
Ojala fuera capaz 
de volver a transmitir el tacto de tu pelo, 
o la sensación de acariciarte 
o tan solo sentirte encima, 
dormido y callado.
Así seguiría escribiendo.

Y ahora necesito dosis de dolor
 para calmar ésta avidez de versos, 
y prefiero tener razones por las que escribir.

Todo era tan poético y trágico, 
nacía poesía de mi dolor. 
Y escribir-te me aliviaba.
Mil veces te borré y otras mil te sangré, 
hasta que dejaste de sangrar
 y dejé de borrar 
porque dejé de escribir. 

Me resigne a creer 
que no ibas a aparecer 
con esas ganas de ayer 
y el mañana venía sin ti.
Por eso ahora me pregunto 
hasta que punto mis dedos 
echan de menos escribir 
sin esas innegables ganas de escribirte a ti. 

Todo se reduce a un antes y un después.

 MªD Marín. 

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